Actualidad — 8 julio 2017 4:24 Posted by

El Tigre de Yuzu. La historia de Ferran Adrià y el Mibu

El pasado lunes se estrenó la obra teatral El Tigre de Yuzu. La historia de Ferran Adrià y el Mibu en El Grec Festival de Barcelona, como ya habréis visto en infinidad de medios de comunicación. Se trata de un proyecto de los actores Roger Zanuy e Isaac Lázaro de la compañía Kaiseki Teatre dirigido por Roger Julià y con Música de Pep Sala, que narra la relación de Ferran Adrià con la gastronomía japonesa tras su flechazo con la cocina del Mibu. Una obra que lleva gestándose más de cuatro años y que ha contado con tres pases, como uno de esos manjares que llevan horas de preparación para después ser devorados en unos pocos minutos.

He tenido la suerte de vivir de cerca la larga fase de gestación del proyecto a lo largo de estos años, pero para mí ha sido toda una sorpresa descubrir cómo se ha materializado, porque la obra en sí la he visto por primera vez el día de su estreno, como un espectador más. El día del estreno fue muy emocionante ver a los actores Andy Fukutome e Isaac Lázaro, interpretando respectivamente a Taisho del Mibu y a Ferran Adrià, sabiendo que los auténticos protagonistas de la historia estaban sentados unas butacas más allá. La señora Tomiko en el Mibu actúa de maestra de ceremonias, recibiendo a los invitados y ejerciendo de narradora del relato gastronómico. Pero en el teatro era una espectadora más, viendo a su alter ego en el escenario interpretado por Akemi Goto. En escena veíamos a Juli Solé y al equipo de elBulli en plena acción, sabiendo que en platea estaban viendo el espectáculo nada más y nada menos que Albert Adrià, Oriol Castro y Albert Raurich, entre otros renombrados chefs.

©Dario Brozzi

Hiroyoshi Ishida (Taisho) y Ferran Adrià en la presentación de El Tigre de Yuzu.

Los actores de El tigre de Yuzu: Xavier Frau, Bàrbara Roig, Júlia Santacana, Andy Fukutome, William Yazaki, Akemi Goto, Roger Zanuy e Isaac Lázaro (fuera de plano).

La cultura japonesa en general y su gastronomía en particular todavía esconden muchos aspectos difíciles de comprender por el público occidental. Yo mismo llevo muchos años estudiándola y soy consciente de que aún me quedan muchas cosas por descubrir. En mi caso creo que juego con cierta ventaja, porque pude acompañar a los actores Isaac Lázaro y Roger Zanuy, junto a Akiko Yamada, en uno de sus viajes a Japón para estudiar de cerca la cocina del Mibu. Pasamos varios días conviviendo con el matrimonio Ishida, fuimos juntos al mercado de Tsukiji y a la subasta de pescado para hacer la compra de los ingredientes que después comeríamos en el Mibu. Fuimos con ellos de excursión en autocar para visitar los campos donde se cultivan los productos que utilizan en su cocina y conocimos a los agricultores que les proveen. Los señores Ishida también nos abrieron las puertas del templo (Tokoan 東光庵) donde acuden a diario desde hace más de 40 años para visitar a su líder espiritual, la sacerdotisa nonagenaria Anju-sama, para pedirle consejo y su bendición. Y a mí, incluso, me dejaron colarme en la minúscula cocina del Mibu y me atiborré a hacer fotos. También pasamos una noche loca en un karaoke de Ginza cantando con los señores Ishida y algunos de sus ilustres clientes. Por todo eso, El Tigre de Yuzu fue una especie de catarsis que concentró muchas de esas vivencias. Durante todos estos años no se podía desvelar ningún aspecto de la fase de investigación que hicieron los creadores de la obra, pero ahora me han dado permiso para compartir algunas anécdotas que ayudarán a entender mejor la complejidad de esta maravillosa historia.

Viaje a Japón con los actores de El Tigre de Yuzu para convivir con los Sres. Ishida del Mibu.

Después del Mibu, también fuimos a comer al restaurante del Dr. Hattori.

Los actores de El tigre de Yuzu, explicando el proyecto de su obra en el Salón del Manga.

¿Cuál es la historia que hay detrás de El Tigre de Yuzu?

Esta obra ayuda a entender la relación de amistad que surgió entre Ferran Adrià y Hiroyoshi Ishida. Un vínculo fraternal y culinario entre dos grandes chefs que también sirvió para acercar dos culturas aparentemente muy lejanas.

Mibu es un templo gastronómico situado en el exclusivo barrio de Ginza donde sólo tienen acceso sus 300 socios y unos pocos afortunados con rigurosa invitación personal, puesto que sólo dispone de sillas para apenas ocho comensales. Tras una aparente simplicidad, los platos de Ishida esconden un sinfín de matices y simbologías ocultas que solo son perceptibles cuando uno activa todos sus sentidos y se deja transportar por las explicaciones de la señora Ishida que hace las veces de narradora. De repente, los brotes frescos de taranome hacen florecer la esencia invisible de la primavera. El caldo aromatizado con tallos de shôbu parece concentrar la inequívoca fragancia de las festividades de mayo. Los dioses del trueno y del viento pueden despertar en cualquier momento al rociar agua hirviendo sobre un cuenco de arroz crujiente. Y las luciérnagas pueden sobrevolar la estancia, a oscuras, dejando boquiabiertos a los invitados. En el escenario, vimos cómo la aparente simplicidad de un owan de nabo daikon en realidad concentraba mucho más que la esencia del caldo dashi: el blanco tubérculo, similar al reflejo de la luna llena, simbolizaba la fábula de la princesa Kaguya, la hija de la luna que fue adoptada por un viejo cortador de bambú. El universo imaginario detrás de la cocina del Mibu muchas veces escapan al entendimiento del comensal occidental, si no conoce de antemano las alegorías y connotaciones culturales tras los ingredientes o elaboraciones. Algo similar a lo que le sucedía al personaje de Ferran, cuando veía la imagen de Tomiko portando un cuenco con comida, mientras él sostenía un plato imaginario en sus manos, porque no era capaz de “ver” todo aquello que Tomiko le estaba presentando.

En 2002 Ferran Adrià visitó por primera vez el Mibu. Se emocionó al probar la cocina kaiseki de Ishida y descubrir que además de “cocinar con las manos, con la cabeza, con los sentidos”… también “se podía cocinar con el alma”. Meses después se le ocurrió la genial locura de trasladar dentro de elBulli al staff completo del Mibu, porteando también sus utensilios de cocina, sus antiguas vajillas, e incluso el agua. De esta forma escenificarían la cocina de Ishida en un banquete sin precedentes para que otros cocineros y prensa pudieran sentir, en Cala Montjoi, aquello que él experimentó en la mesa del Mibu. Años después toda esta historia se plasmaría en un manga y ahora en esta obra teatral, para conmemorar y transmitir al mundo entero una hazaña gastronómica de las que sólo se dan una vez en la vida y la relación personal entre los dos chefs.

Este encuentro entre Adrià e Ishida marcaría un antes y un después en los vínculos entre Japón y Occidente, dejando una impronta imborrable, tanto en el chef más influyente del mundo como en el ADN de elBulli, que aún hoy puede palparse en proyectos como Dos Palillos o Pakta, de clara influencia japonesa. Casi sin darse cuenta, Ferran Adrià se ha convertido en un auténtico embajador de la gastronomía del Sol Naciente.

Isaac Lázaro y Roger Zanuy, paseando con el Sr. Ishida por Ginza.

Tomamos el metro con los Sres. Ishida para ir al templo donde hacen meditación y conocer a su líder espiritual, Anju-Sama.

Isaac y Roger en el Mibu, preparando las ofrendas para el templo Tokoan.

¿Quién fue la sacerdotisa Anju-sama?

Anju-sama fue, o tal vez debería decir que sigue siendo, la líder espiritual y consejera de los propietarios del Mibu, acérrimos devotos del templo Tokoan. Esta entrañable sacerdotisa nonagenaria nos dejó hace un año para reunirse con la diosa Nyorai-sama, pero su recuerdo sigue muy presente entre los señores Ishida y todos aquellos que nos hemos cruzado en su camino. En El Tigre de Yuzu le rinden un pequeño homenaje porque, como no podía ser de otra manera, tuvo un papel muy importante en la vida de los Ishida a la hora de tomar importantes decisiones, como la de embarcarse a la aventura de cocinar en elBulli.

De aspecto frágil y con los sentidos un tanto nublados por su avanzada edad, la sacerdotisa Anju-sama necesitaba que la señora Tomiko le chillara cariñosamente para repetirle al oído todas las conversaciones. Nos contaron que éramos los únicos occidentales que habíamos sido invitados a visitarla. Ni siquiera la televisión NHK había podido irrumpir en el santuario con sus cámaras.

Hubo un momento muy simpático que apareció en la obra a modo de gag, pero sólo lo reconocimos quienes pasamos la tarde con Anju-sama. Cada dos por tres no dejaba de preguntar: “¿Pero quiénes son estos chicos que han venido a verme?” Tomiko le respondía a gritos: “¡Son unos actores que han venido de Catalunya!” A lo que la sacerdotisa añadía: “¿Catalunya? ¿Pero qué montaña hay allí?“, puesto que en su mente las fronteras y los territorios son conceptos meramente mundanos que van cambiando a lo largo de los siglos. Los Dioses sólo entienden de montañas y mares. “¡Los Pirineos! ¡Vienen de los Pirineos!“, explicaba la señora Tomiko… Al poco rato, Anju-sama volvía a preguntar: “¿Pero quiénes son estos chicos que hay aquí?” A lo que Tomiko volvía a repetir: “¡Unos actores que han venido de los Pirineos!” “¡¿De los Pirineos?!” Preguntaba sorprendida Anju-sama… El bucle se fue repitiendo varias veces, porque la percepción de la realidad de la anciana era tan efímera como un poema haiku. De repente, nos miró fijamente y con una enorme sonrisa nos dijo con naturalidad: “Es la primera y la última vez que nos veremos. Y estoy muy contenta“. A todos se nos hizo un nudo en la garganta porque era evidente que ese efímero momento de conexión sería irrepetible. Irrepetible por su avanzada edad. Irrepetible por la excepcionalidad de nuestra visita. E irrepetible porque a los pocos segundos ya volvía a preguntar: “¿Pero quiénes son estos chicos que han venido a verme?“…

Momento entrañable con la sacerdotisa Anju-sama, líder espiritual de Tomiko y Taisho del Mibu.

 

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